miércoles 23 de septiembre de 2009

Hora de Verano

Después de tener las venas congeladas, la intensidad de las caricias las reventaron, y el resto fue historia. Un lujo de detalles, una cantidad de emociones estalladas contra la pared, es decir, lo básico.
Luego vino el arrepentimiento, la necesidad de volver, los besos.

lunes 10 de agosto de 2009

Lucidez

La lucidez es un don y es un castigo. Está todo en la palabra: Lúcido viene de Lucifer, el Arcángel rebelde, el Demonio… Pero también se llama Lucifer el Lucero del Alba, la primera estrella, la más brillante, la última en apagarse… Lúcido viene de Lucifer y de Lucifer viene Lux, de Ferous, que quiere decir ‘el que tiene luz, el que genera luz que permite la visión interior’… El bien y el mal, todo junto. La lucidez es dolor, y el único placer que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría, será el placer de ser consciente de la propia lucidez…
El lúcido puede seguir viviendo mientras conserve el instinto de la especie, el impulso vital. Es muy posible que con los años esa fuerza instintiva y oscura se pierda. Es necesario entonces apelar a algo parecido a la fe. Hay que inventarse un motivo, una meta que nos permita reemplazar el impulso animal que se ha perdido por una voluntad fríamente racional. Pero esa voluntad es un motor muy difícil de mantener.
de El Renacimiento por Lorenzo F. A.

miércoles 10 de junio de 2009

11

Nada es importante. Lo peor que le puede pasar a un artista es creer que lo que ha hecho es importante y que debe seguir produciendo obras que estén a la misma altura. Hay que tener siempre presente que lo que nos mueve es el placer. Lo que hacemos es o será banal o trivial. No hay que tomarse en serio uno mismo. Si todo lo que uno ha hecho desapareciera, no tendría la menor importancia, la humanidad seguiría su curso sin echar de menos lo que nos parecen disquisiciones profundas y acertadas. Somos absolutamente prescindibles para la historia. Si tenemos un oficio y tenemos también las armas, el don o el talento para hacerlo bien, y si además nos da un gran placer ejercerlo, y si sobre todo nos hace ganar cosas (como dinero o algo más secundario) para vivir, no pensemos en la trascendencia, disfrutemos de la banalidad.