CAPÍTULO IX

No fue la víspera de una noche de acción plagada de recuerdos inolvidables y malsanos ni el arrebato de tristeza por culpa de la embriaguez lo que le quito la posibilidad a Fabrice de ser parte del cosmos violeta de la tal princesa que mil sonrisas regaló y usurpó. Fue un rumor que, como en antaño con las civilizaciones e imperios, consiguió exterminar 

Cuento cuyos personajes se componen de mujeres traga sables y tigres de bengala fumando a destiempo mientras
Ya vienen siendo varios los días de esquivar sus miradas como si se tratara de balazos disparados a quemarropa, humeantes, hirientes. Tiempo en segunda que hace del espacio una virtualidad obligatoria donde la idea principal tiene que ver con un verbo llano y simple: esquivar.
Esquivarlo todo, desde un pequeño roce curioso hasta una simple palabra colada en un cansado saludo de media mañana o de tarde completa, acaso de noche inconclusa con todos sus etcéteras. Esquivarla.
Birlar, burlar con la seguridad que trae consigo la espantosa risa del idiota. De ahí que la tristeza sea disoluta y la pena una constante justificación para abandonar el medio, la expresión, es decir y en resumidas cuentas, deserción por advertencia.

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