Gotas
de sangre caen sobre el lavamanos y el agua inmediatamente las limpia. Metáfora
borracha de los errores que quedan tatuados en el alma y de los otros que se
graban con cinceles en una lapida, en un cuaderno de notas. Renato camina
devuelta a la habitación. Camina sobre sus pies y sobre sus culpas
clandestinas. Ya llegara el tiempo para arrepentirse, para llorar. La ventana
ilumina la cama en toda su totalidad; su visión borrosa apenas distingue la
violencia de la sangre esparcida con exageración involuntaria por todas esas
paredes que conocen sus sueños y su desnudez. Renato queda estático ante el
espectáculo de la muerte mendicante. No respiran, ya no se pueden decir nada,
no se puede apagar la luz del sol. Algo tan malo acaba de pasar, que se le ha
olvidado el dolor de la cortada en su rostro.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 comentarios:
Publicar un comentario