Fue difícil alejarse dejando todos
los asuntos a medias. Total, quedarse no valía la pena, pues lo que se venía
era una suerte de reclamos, excusas y justificaciones que en nada aportarían
para componer las cosas, los hechos.
Abrí la puerta suavemente sabiendo
que me encontraría con una escena que mis ojos jamás habrían querido ver, pero
el cinismo y la fuerte necesidad de darle la razón a mis sospechas pudo más que
cualquier cosa; ya en la sala pude ver las copas, las colillas en el cenicero,
el fuerte olor a cigarrillo en toda la sala, la chaqueta sobre el sofá, los
tacones.


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