A las 6 de la mañana me subí al taxi que había pedido por teléfono. El olor a pólvora en su interior me puso alerta de inmediato. Quise creer que se trataba del humo del cigarrillo que el taxista iba fumando, pero era obvio que no estaba fumándose un cartucho de 5.56. Imaginé de entrada que el sujeto venía echando bala antes de recogerme o que habría estado en alguna situación donde hubo disparos, su mala cara me lo confirmaba, su actitud y la música norteña a todo volumen lo delataba más.


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